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Filosofía y Periodismo

Un viaje por Corea del Sur

Publicado por Chester Thomas C. en Septiembre 24, 2008

CHESTER THOMAS

El pasado verano, esa época en que la gente suele abandonar su rutina, conversé mucho acerca del viajar. No podía evitar imaginar, una y otra vez, la sensación de tomar un camino nuevo, un recorrido insospechado para la subjetividad. En mi pensamiento aparecía Descartes y su voluntad de “conocer el libro de la vida”, parte necesaria para cualquiera enseñanza.

 Por circunstancias del destino, en ese entonces, sólo había conocido el mundo por los libros: el lugar más lejano al cual había viajado, desafortunadamente a los tres años, era la ciudad de Mendoza. Mi vida entonces, en lo que a viajes compete, había transcurrido en las típicas vacaciones familiares, a no muy distintos lugares de Chile.

 En todas las conversaciones que tuve en el verano, mis amigos hablaron de viajes épicos, largas horas en avión, lugares desconocidos y remotos, aventuras de esas que solo aparecen en las novelas. Justo lo que no había experimentado.

 Y es que mi visión acerca del viaje no era sino una idealización abstraída de la literatura y de los textos orales que se recogen en los diálogos.

La gran oportunidad

 Como arte de magia, al iniciar el período académico de la Universidad Gabriela Mistral, en este último año, apareció una cátedra llamada Cuenca del Pacífico. En la primera clase me enteré de que, además de tener cuatro excelentes profesores y de ser en sí misma interesante  -enseña la importancia de la inserción de Chile en la Comunidad Pacífica y entrega un completo panorama de los países que la integran- , el ramo premiaba al mejor alumno con un viaje a un país del Asia Pacífico. 

 La oportunidad de ir a lo desconocido estaba a la puerta de la esquina; la imagen, construida en base a la ficción, podía encarnarse en la facticidad misma, a condición de lograr el objetivo. Y así pasó un primer semestre de esperanza en que, finalmente, obtuve la beca.

 Diez días en Corea del Sur, no era más lo que sabía, no era más lo que quería saber.

 La realidad sobrepasó lo imaginado

 Entonces me subí al avión, un vuelo tranquilo en donde, por sobre todo, viví ese poético mirar las nubes hacia abajo. Once horas de viaje desde Chile a Nueva Zelanda, lugar donde hice escala por cerca de seis horas. Un aeropuerto que me tuvo ansioso para otras once horas desde Auckland hasta Seúl.

 Y aunque el país en sí mismo era más concreto que la fantasía mítica, la impresión fue inmensa y sobrepasó lo imaginado. Estar en una zona tan rica en infraestructura, luminaria y avances tecnológicos; estar en una localidad donde todos los autos tienen GPS  -ese que prometió para los buses el Transantiago y que aun brilla por su ausencia-, una ciudad donde yacen las empresas matrices de la economía (Samsung, Hyundai, Bosco…) fue, en una palabra, ver el desarrollo en su máxima expresión.

 Acompañado de un agradable y respetuoso caballero coreano (Mr. Lee), enviado por la delegación del programa que me invitó gracias a la Universidad Gabriela Mistral, llegué a una residencial ubicada en el corazón de Seúl donde alojé buena parte de los 10 días. Éramos 35 jóvenes de todo el mundo: Argentina, Brasil, Pakistán, India, China, Nepal, Sri Lanka, Turquía, Rusia y Chile.

 Una misma esencia en la diversidad cultural

 Entonces, pasados los días, recordé la vieja Metafísica de la que habló Aristóteles. Pese a las enormes diferencias culturales, pese a las diferencias de lenguaje (nuestro inglés era en grados diversos), pese a una historia de relaciones completamente diferentes,  pese a todo eso, pudimos establecer un diálogo de cercanía y amistad; pudimos sentirnos parte de la misma comunidad. Disfrutamos las mismas cosas simples, nos reíamos con los mismos chistes. En una palabra, la “quididad” de la que habló Santo Tomás, esa substancia última que compartimos los seres humanos y que está más allá de las culturas, quedó  de manifiesta completamente.

 Y así pude compartir windsurf en el enorme río Han con un monje budista, disfrutar la comida con un amigo de China, maravillarme de los museos con una muchacha de Sri Lanka. Estuvimos en el estadio del mundial 2002, escalamos unas hermosas montañas que bañan a la Universidad de Kookmin, conocimos las tumbas de las antiguas dinastías, participamos en la hermosa y ancestral ceremonia del té, cenamos con  kimchi  -esa especie de pebre tradicional, muy picante, con el cual los coreanos acompañan todas las comidas-, presenciamos ritos tradicionales de baile, canto y guerra, estuvimos en el límite de las dos Coreas.

 Ahora, si bien la esencia de la naturaleza humana entre las culturas se mantiene, cabe decir que los accidentes demuestran plenamente la diversidad: la experiencia del Homestay family lo demuestra. A saber, alojar en la casa de una familia tradicional coreana por un par de noches.

 Nos encontramos con una familia muy sistemática en cuanto a horarios. Planificadores, ordenados, trabajadores, respetuosos, madrugadores, disciplinados, jerarquizados. Está fuertemente en ellos marcada la  presencia del enorme filósofo Confucio en cuanto a la importancia de la educación y la obediencia. Comidas, en abundancia. No hay once, sólo almuerzo y cena. Se desayuna casi en la madrugada y, en general, la gente muy temprano ya está durmiendo.

 Un país seguro y honesto

 En la localidad de Goyan  -un proyecto de ciudad-empresarial muy interesante-  salimos con nuestra familia coreana a andar en bicicleta. Constatamos que en las plazas hay máquinas que ya se las quisiera un gimnasio chileno, gratuitas, en lo que obedece a una política de vida sana. También fuimos a una plaza; para entrar al sector dedicado a masajes de pies había que descalzarse. El objetivo era caminar por una ruta de piedras y maderas en una posición  -para mí al menos-  muy incómoda y dolorosa, pero que finalmente termina haciendo bien para los pies.

 Llama la atención la seguridad y honestidad que hay en Surcorea: tanto las bicicletas como las zapatillas son dejadas casi al viento. Nadie roba. 

 Además, en otra plaza nos encontramos con una suerte de cascada artificial de agua que se enciende a través de luces y genera un show muy hermoso. Un ensueño para cualquier enamorado. Las familias asisten religiosamente las tardes, llevan un saquito y se tienden en el suelo a disfrutar del espectáculo que es también musical.

 La interesante fusión del libre mercado con los valores confucianos

 Además de Seúl, visitamos ciudades como llsan y Gyeongju, lugares de hermosos templos budistas. En estas ciudades se respira menos ajetreo. En Corea, las personas más adultas conservan sus creencias ancestrales y continúan viviendo de acuerdo a la tradición. Sin embargo, las nuevas generaciones parecen seducidas por el libre mercado. Quizá por el trauma previo a la independencia, Corea necesita a como de lugar libertad y, efectivamente, en Seúl pude ver felices a los jóvenes comprando en el mall, mirando ropa, cenando en un restaurante de comida rápida.

 Es, al parecer, el ocaso de una cultura milenaria, pero también el comienzo de un desarrollo cuyos límites cuesta imaginar. Y si ellos son felices con este cambio, resulta más que respetable y síntoma del dinamismo propio de las culturas. Ahora bien, Confucio y su manera ordenada, sistemática, obediente y educada de vivir persisten sin duda. Elementos todos que enriquecen el exitoso capitalismo que vive Corea del Sur por estos días. Un capitalismo que ya se lo quisiera un país como el nuestro.

 

Junto a Mr. Okay Dokay en la KBS. Great friend.

Junto a Mr. Okay Dokay en la KBS. Great friend.

 

4 comentarios para “Un viaje por Corea del Sur”

  1. María Pastora escribió

    ¡¡¡Amo Corea!!! Tuve el honor de viajar dos veces y me llevé la misma impresión que tu describes en tu post.

    Yo cursé Cuenca del Pacífico pero no fui la mejor alumna :P Tampoco terminé mis estudios de periodismo en la UGM. Creo que es un ramo espectacular, en el que uno realmente valora factores que antes uno no tomó en cuenta.

    ¿Sabes lo mejor/peor de todo? Corea hace un par de décadas era como nosotros, o sea, podemos llegar a eso, pero hay que hacer lo que hicieron ellos, es decir, un real esfuerzo conjunto como país…

    ¡Saludos y felicitaciones!

  2. GRAZNIDO escribió

    Don Chester

    En estos tiempos de crisis, de incertidumbres, de desconfianzas en el futuro su relato y consideraciones de su viaje a Corea del Sur es un verdadero bálsamo.

    No es más capitalismo lo que nos falta en Chile, tal vez nos falta una suerte de Confucio… pero en verdad no lo sé.

    Espero que este sea solo su primer viaje en la complejidad.

    Saludos y felicitaciones

  3. Chester Thomas C. escribió

    Don Guillermo: yo tampoco sé qué es lo que falta, pero de que algo falta… claro que falta (basta mirar a los “candidatos” por los que mañana se va a votar). Su post es para mi un bálsamo en estos días de estrés tan propios del fin de año universitario. Un GRAN abrazo para usted, querido amigo.

  4. ena4 escribió

    Uys que envidia porque Corea no lo conozco.
    La verdad es que a mi me encanta viajar, me encanta y prefiero vivir en las casas de las personas antes que en hoteles, para ver de verdad cómo se vive, pero el dinero hace que no viaje tanto como me gustaría, y mis ex que a ninguno le gustaba viajar también me cortaban las alas en ese aspecto. Pero creo que es el mejor de los libros, viajar y ver como viven porque así no solo aprendes sobre ellos sino que ves tus propias limitaciones, y ves cuando vas un país menos avanzado que tu propio país tiene sus ventajas pero esas ventajas llevan adheridas unas desventajas, al mismo tiempo cuando vas a otros más avanzados piensas, uys a mi país aún le queda camino que recorrer.
    Que le falta a tu país, si le faltan cosas, igual que al mío, pero eso empieza por la responsabilidad de cada uno… por ejemplo ya hablé del transporte en otro artículo, no se puede exigir que vaya bien sino se trata bien, porque el ciudadano no solo tiene derechos sino que también tiene obligaciones, y eso parece ser que muchas veces se olvida.
    Por ejemplo tu mismo lo dices, allí pueden dejar libremente las cosas en las puertas que nadie roba, y te aseguro que en muchos países solo con intentarlo los propios ciudadanos te detienen hasta que viene la policía a por ti.
    Sabes por ejemplo en uno de los países que estuve, me alucinó por completo que el chico de la familia que aún estudiaba, cuando no había estudiado se lo decía a los padres, y ellos hacían un justificante para que no se presentara a la escuela y le repitieran el examen, yo ponía los ojos como platos. Primero no están enseñando responsabilidad, segundo están enseñando a exigir al niño pero no a cumplir con sus deberes. Lo mismo veía con la falta de puntualidad para ir al colegio o para cuando quedaba con alguien. Tampoco veía que se enseñara civismo, de puertas para adentro se enseña a respetar pero el bien común nada, y los gobiernos se gastan millones y millones de pesos en las destrozas que causa la gente, en limpiar las calles porque nadie entiende que no se deben lanzar las cosas al suelo que o bien se tiran a una papelera o en caso que no haya se guarda y se tira en casa… sin embargo luego solo achacamos la falta de dinero a los robos de los políticos o la mala distribución (que obvio que también es así, pero esto no hace que nos olvidemos de nuestra parte de culpa). POr ejemplo un día se me ocurrió decir al chico, cierra el agua que la malgastas, y la contestación de la madre fue, ah no te preocupes que aquí no tenemos problemas como en España… bien probablemente si todo el mundo la malgasta en 50 años se tenga problemas.
    Por eso digo que cuando un país no va bien, tienen mucha culpa los políticos pero a veces, muchas más los ciudadanos.
    Aquí por ejemplo también cada vez se enseña menos civismo, y el país se empieza a resentir.
    Tú lo has visto ahora que has viajado, que la responsabilidad del país no solo es del comportamiento disciplinario del gobierno, sino que ya has visto que sus ciudadanos lo son por igual y es la única fórmula para que funcione un país, lo mismo pasa en otros como Suiza, Alemania, etc, etc.
    En todo caso me hace gracia porque cuando estos ciudadanos vienen a ESpaña el respeto que tienen en su patria no lo tienen aquí. Y bueno aunque Suiza me encanta, la verdad es que con algunas de sus leyes no estoy del todo de acuerdo pero en fin, la cosa es que esté o no de acuerdo, los ciudadanos son más disciplinados que los propios gobiernos, y por tanto, el país funciona.
    Parece una tontería pero cuando ves los números sobre la mesa, se ve que algo tan tonto como no recoger las “cacas” de perros genera un gasto comprobable de varios millones de euros, y otros tantos más no tan comprobables en sanidad debido a contagios de enfermedades.
    En fin, me enrollé como una persiana.
    Si puedes sigue viajando, eso si, jamás compares un país con otro, todos tienen sus ventajas y sus desventajas, sus puntos fuertes o flacos, y la manera de aprender es vivir la esencia de cada cosa con cada poro de tu piel.
    Y bueno, no devaluéis Chile, a mi me gustó mucho aunque cambiaría cosas, como le decía a un amigo que se ha presentado a unas elecciones en papudo, chile es hermoso, solo necesita ciudadanos que lo mimen.
    Besines

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