Sobre clases latosas, frialdad y castigo-recompensa
Publicado por Chester Thomas C. en Octubre 27, 2009

CHESTER THOMAS C.
Es extraña la sensación que tengo en este momento. En mi pecho hay una especie de amargura… Cómo decirlo, una reflexión un tanto cansada que apunta a un criticismo absoluto hacia mi desempeño como docente. O, también, hacia mi ser posible.
“Profe… no pude imprimir el trabajo”. “Profe, no pude pasar el trabajo a computador”, me dicen algunas alumnas en el pasillo del colegio. Y entonces respondo, casi sin pensar, poniendo sin embargo como condición a ese instante fugaz en que debo hablar una negatividad sorprendente, de señor amargado, un cierto compromiso absoluto con el deber, con las normas, con el premio y el castigo. El premio y el castigo. Siempre he estado en contra de esa forma de operar con seres humanos. Y, sin embargo, en la praxis, que es donde importa, la experimento.
Explícame el pensamiento de Locke, según vimos en esta clase… “No sé”, responde un alumno. Y, nuevamente, opero como si fuese la profesora que siempre odie, como si fuese una máquina fría y calculadora: “Como diría Hobbes, el Leviatán tiene en sus nervios el premio y el castigo. Y como incumpliste el deber de poner atención en clases: ¡Te castigaré con 0,5 décimas en un trabajo! Sin más, no era un gran inquisidor el que hablaba: era yo.
Y entonces me pregunto dónde quedó ese sueño dialógico de Filosofía amorosa que tanto añoré. Dónde quedó la Filosofía como alegría, dónde quedó esa capacidad supuesta para despertar en los alumnos el amor hacia la Filosofía. “No se preocupen, ya quedan sólo quince minutos para que termine la clase: concéntrense”, exclamo, nuevamente, como si estar en la clase de Filosofía fuese un martirio. Siento que hoy la clase para mis alumnos fue eso: un martirio. Fue una clase larga y tediosa. Fui incapaz de facilitarles la tarea y simplemente me remití a exponer mis conocimientos. No tuve la fortaleza para sobreponerme al golpe e improvisar una nueva estrategia para salir de ese mal momento, mientras sentía que la clase era para mis alumnos una lata. No. Simplemente seguí como una máquina que miraba a sus alumnos como máquinas. Con una frialdad que me asusta.
Es posible que esto se deba a los nervios: me observaba una profesora a la que no quería decepcionar. Es posible que haya incidido que pasé una mala noche. Pero esas, en rigor, son excusas baratas simplemente.
Comienzo a aburrirme de este papel de profesor que se abstrae de sus alumnos. Este profesor extranjero que irrumpe en sus vidas sin, si pudiéramos ser exagerados, si quiera presentarse. Que quiere dejar una huella filosófica sin establecer una relación medianamente humana con ellos. Ellos, mis alumnos, no saben que pasé una mala noche. Yo no sé si ellos también la pasaron. Sospecho que me invento un personaje y actúo cual máquina. Punto. Así de pésimo.
Creo que es el momento para replantear el asunto, que en el fondo es dialéctico, como el ser. La nada o negatividad que hay con respecto a este pésimo desempeño que tuve hoy es también parte del desempeño que tuve hoy. Comienza la lucha de ahora en más entre abrirme a mis alumnos como Chester, cuestión de la que siempre he desconfiado, o mantener esta actitud de profesor de filosofía parco que se remite expresar contenidos. Ni lo uno ni lo otro. Las estrellas tienen cinco lados. Creo que el asunto pasa por la suma de ambos lados para que devenga uno nuevo: seguir siendo un profesor de filosofía, pero nunca abandonar la alegría, ni ese amor absoluto que debo hacia mis alumnos. Nunca operar con ellos a través de estímulo-respuesta, sino conseguir que despierten por su cuenta el conocimiento. A lo mejor el chico que respondió “no sé” lo hizo porque la clase fue una verdadera lata. O porque pasó una mala noche. Y, por lo tanto, esa respuesta debe descontarme 0,5 puntos a mí y no a él por haber hecho una pésima clase.


GRAZNIDO escribió
Don Chester me alegra mucho verlo de vuelta
Y claro me da mucha risa verlo con el pelo corto y de corbata.
Por casualidad estaba escuchando en una radio y allí a un pretendido sabio en esto de la educación, que parece ser tan difícil para el ciudadano de a pie como la… filosofña.
El ciudadano de marras dio cuenta más o menos detallada de tipos de países, comparables al nuestro, donde la educación funciona más menos bien comparativamente hablando:
Pues bien, él decía hay países donde la educación está mejor por que la educación es un verdadero imperativo moral tanto para la sociedad como para la familia y por tanto para profesores y alumnos. Típico de sociedades autoritarias por no decir totalitarias. Ejemplo Cuba
La otra alternativa es llevar lo trascendente, Dios, a la sala de clases lo que vendría a dar ese imperativo de alguna forma, porque siempre según ese sabio, en las sociedades liberales ha sido muy difícil remplazar Dios en la sala de clases. En Chile (y en América Latina) los colegios católicos (religiosos) en general son buenos
Están los países donde los profesores, por razones históricas, son sobre formados, ingenieros, físicos…etc. Países ex comunistas de Europa.
Y países como los asiáticos que al parecer por razones genéticas son buenos y muy buenos para al menos las matemáticas
Imagino que UD no sería de los que podría llevar a Dios clases pero me parece que el imperativo moral a UD no le falta, el asunto es que ese imperativo lo tengan los alumnos y allí el asunto es complicado.
Hace un tiempo leí el caso de un profesor de matemáticas en USA que hacía las clases divertidas y el resultado era muy bueno.
Imagino que la filosofía puede ser muy interesante y hasta divertida con el Leviatan, Cristo y Kant, el Superhombre vagando por Iran, Heidegger acusado de Nazi, la trilogía Wagner – Nietzche – Hitler y otros mitos, los almuerzos de Platon, el posible homosexualismo de Socrates y la cicuta, eso de “arriba las estrellas, abajo dentro de mí la ley moral” en la tumba de Kant, todo para decir que yo creo, en mi pataguina ignorancia filosófica, que se puede armar una verdadera aventura tipo guerra de las galaxias con tanto material…
Someto pues estas ideas, que no son mías, ya que como UD sabe todo ya fue dicho.
Un abrazo Don Chester
GRAZNIDO escribió
Don Chester
ya que está por acá le recomiendo imperativamente la película francesa “Entre los Muros”, realmente fantastica, extraordinaria…
El trailer:
http://videos.lanacion.com.ar/video8770-trailer-de-entre-los-muros.
A mí me dejó patitieso.
Saludos
Chester Thomas C. escribió
Estimado don Guillermo: me parece que es imprescindible tener un asunto superior para poder hacer clases. Lo que no entiendo es en qué sentido podría decirse que quien quiera inculcar imperativos morales -si por ellos se entiende propender a la libertad del sujeto- se relaciona con el totalitarismo. Saludos muy cordiales.
Ps: Muchas gracias por la película. La buscaré.
Arturo Ciudad escribió
Amigo tanto tiempo, me alegra leerte de nuevo y saber que estas enseñando. Quien no se a cuestionado al momento de enseñar lo que uno sabe, cada vez que sale a relucir el tema de la educación se genera polémica, en mi opinión todo lo que te ha ocurrido considero Yo que no es mas que una etapa dentro de tu maduración, es como escribí por ahí una vez “¿haz estado en la vereda del frente?, que mal se siente me haz pisado como hoja de otoño o rama seca de verano…”, tú haz comprendido que se siente y eso es importante en un profesor, eso demuestra que tu reflexión interna va mas allá del orgullo, suele el educador poner el orgullo antes de su principal objetivo que es enseñar y el alumno comprenda.
Me gustaría una educación menos juzgadora, menos competitiva, no me interesa el castigo dentro de la educación, en vez de dejar repitiendo a los alumnos no sería mejor preguntarse ¿por qué no aprende?, ¿por qué no estudia?
Creo que el principal objetivo de dictar un curso es que todos aprendan y nadie quede sin entender.
Muy buena tu reflexión, creo que nunca había escuchado o leído a un profesor decir que su clase no fue buena y que la nota mala de be ser para él y no para su alumno.
Recuerdo con risa aquella canción a la cual cambiaron la letra en el colegio “solo le pido a dios que la escuela se derrumbe para siempre, que a los profesores les de peste y a los niños vacaciones para siempre…”
Amigo hay una película española muy buena ya que están recomendando, se llama “la lengua de las mariposas”.
Muchos saludos y estamos leyendo.
Chester escribió
Amigo Arturo: muchas gracias por tus palabras. Efectivamente es contradictorio, a mi juicio, la propuesta de estímulo-respuesta, sobre todo para clases de Filosofía. El tema es que en la realidad concreta el asunto no es tan fácil como parece. Pero ahí está el desafío de un buen educador: conseguir que todos sus alumnos despierten amor por el saber. Por cierto, un profesor medianamente honesto no dudará en mencionar que ha tenido clases malas. También un profesor sabe que la clase perfecta (en sentido platónico) no existe. Y es que somos seres imperfectos, pero eso no obsta para empeñarnos en ser cada día mejores. Un abrazo.