Reportajes
La reforma a la educación pública de Edgar Morin
Para el filósofo francés es prioritario acabar con una enseñanza de disciplinas parceladas, unificándolas en un ramo común y previo con el fin de comprender la vida y el universo.
CHESTER THOMAS C.
Edgar Morin es de los pocos pensadores contemporáneos que tiene fe en la posibilidad del conocimiento humano. No es escéptico, ni dogmático, ni nihilista. Descree de las certezas absolutas, piensa que la percepción es subjetiva, pero tiene fe en el amor, la ecología y la educación como medio para mejorar el universo.
Con 87 años de edad y más de 20 libros publicados sobre epistemología, sociología y filosofía, este multidisciplinario pensador tocó suelo chileno para brindar tres conferencias magistrales en el marco de su visita a latinoamérica. La última de ellas tuvo reunión en la Universidad Católica, donde abordó el tema de la educación pública, concepto clave en la discusión actual. El destacado sociólogo francés utilizó un comprensible español, se mostró tranquilo, de buen humor y sencillo en la explicación de sus ideas.
Disciplinas parceladas
El autor de “Los siete saberes para una educación del futuro” (UNESCO, 2000) comenzó la conferencia citando una de las obras de educación más clásicas de la literatura, “El Emilio” de Rousseau. “Cuando se habla de educación, se habla de un maestro que, antes de cualquiera cosa, debe enseñar a su discípulo a vivir como persona”.
Para Morin, la educación occidental atraviesa una crisis que tiene su origen en la separación de disciplinas que se enseñan al educando como si no tuvieran conexión entre sí, impidiéndole la posibilidad de aprender a vivir. “Por ejemplo, la palabra ‘humano’, ¿dónde se enseña? En las llamadas Ciencias Humanas, entre ellas Psicología. Pero el cerebro se ve en Biología y la mente es indisociable del cerebro”, afirmó.
Algo similar acontece -para el pensador francés- con el conflicto actual entre filosofía y ciencia. “La filosofía, antes que nada, es una reflexión sobre lo humano. Su esencia, en una palabra, es la capacidad para reflexionar sobre las cosas, sobre las ideas y sobre sí misma. Es evidente que no podemos rezagarla. Sin embargo, para muchos científicos la filosofía es sólo palabra: una tontería vacía; y para muchos filósofos la ciencia no tiene interés. Esto no puede ser”, indicó.
Conocer para vivir
También se refirió a la lírica, manifestando que debe enseñarse para aprovechar la posibilidad de conocer poéticamente la vida. “La poesía no es únicamente lectura o escritura de textos, es un modo de hacer entender la cualidad poética de la vida. Nosotros vivimos en dos modos, uno prosaico que se relaciona con las cosas que hacemos por obligación sin que nos gusten, y otro poético, que se condice con las cuestiones que nos provocan placer y sentido de comunión: esa es la poesía de la vida”.
El arte y la música, para Morin, también son claves para vivir mejor. “El lenguaje de la música no tiene palabras, proviene del alma, de los sentimientos que no están traducidos con letras”.
Necesitamos integrar todas las dimensiones del conocimiento –puntualizó Morin- pero sabiendo previamente lo complexo que significa ser humano. “La educación debe entregar las herramientas de pensamiento que permitan enfrentar los problemas de la condición humana, debe enseñar a conocer para vivir”.
Contextualizar el saber
La separación de disciplinas, la entrega de conocimientos parcelados impiden al hombre tomar conciencia del complejo papel que debe tomar en el cosmos.
Morin está conciente de que solucionar esta crisis no es una tarea sencilla. Para enfrentar esta complejidad, sugiere contextualizar el saber con respecto a lo que el hombre es. “Como lo más importante en la vida escapa, como lo exacto se equivoca, como el amor no puede medirse, el conocimiento sin contextualización es muy débil y por eso es fundamental poner al sujeto en el contexto, para conseguir un saber más correcto”.
Esta contextualización debe ser “en” el hombre, teniendo un conocimiento o comprensión del mismo. “Necesitamos la comprensión, ser comprendidos por las personas que queremos, pero sabemos que hay muchas dificultades de comprensión, sobre todo entre culturas, por eso el mal más terrible de la humanidad es la incomprensión”.
La forma de salir de ella, para Morin, es aunando las disciplinas de una manera realista con respecto al imprevisto. “No hay que enseñar a enfrentar las certezas, mucho menos de una manera parcelada, porque siempre hay cambio y los cambios más importantes son totalmente imprevistos”.
El problema es que en la actualidad -reflexiona Morin- “creemos que las cosas no cambian, nos enseñan las exactitudes del mundo y de la vida; pero en realidad es imposible saber a dónde vamos y qué será mañana de nosotros, y con las desilusiones viene el sufrimiento”.
Concebir la realidad como un todo
“Tenemos una visión equivocada del sujeto, dada por el desarrollo de la economía y la técnica; olvidamos que somos parte de la vida y que vamos hacia la autodestrucción. Si concibiéramos la realidad como una totalidad, veríamos la degradación de la biosfera y seríamos más concientes”, señaló.
Para el pensador francés, “con el descubrimiento del genoma humano se conoce que los elementos de la vida están en el exterior y que la única diferencia con el resto de los seres vivos dice relación con la complejidad de un organismo que le permite vivir de manera autónoma”. En otras palabras -agrega Morin- “tenemos en nuestro organismo la historia del universo como microcosmo: somos hijos del universo, aunque privilegiados por un lenguaje que permite un tipo sofisticado y espiritual de comunicación”.
Un ramo único común: Ecología
Señaló también que “hay una reforma honda a instituir en la enseñanza en todos los grados”. La solución que planteó Morin es “impartir un ramo único común a todas las disciplinas, donde se enseñe la capacidad para concebir los problemas importantes”. Concluyó que “un año piso donde ese enseñe ese tipo de conocimiento y de problematización podría ser muy útil”.
Para Morin es fundamental que las universidades y los colegios impartan Ecología, “la virtud de esta ciencia es permitir la agrupación de disciplinas diversas aplicadas al ecosistema, es decir, las interrelación entre animal, vegetal, medio físico y ambiente en donde se hace una indemnización espontánea. Esto permite regular los ecosistemas más allá del conocimiento local hasta llegar a la biosfera”.
Asimismo explicó que “los elementos de la vida están en el exterior y que la única diferencia con el resto de los seres vivos dice relación con la complejidad de un organismo que le permite vivir de manera autónoma”. En otras palabras -agregó Morin- “tenemos en nuestro organismo la historia del universo como microcosmo: somos hijos del universo, aunque privilegiados por un lenguaje que permite un tipo sofisticado y espiritual de comunicación”.
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El papel del educador: amar
Uno de los mayores problemas de la educación actual, para Morin, dice relación con el papel del profesor en la sociedad. “Sobre el papel del educador hay una sola palabra importante y que ya la dijo Platón. ¿Qué se necesita para enseñar? Eros, amor, que también es pasión, porque sin ella la enseñanza está muerta”. Esa es la condición que pone el autor de origen judío español para la buena enseñanza: pasión; “después viene todo lo demás, pero sin pasión y sin amor no hay nada”, concluyó.
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Ely escribió
Chester gracias por visitarme y escribir en tu blog acerca del papel del educador y la filosofía que no es sino el camino hacia la reconquista de nuestro ser para una vida de armonía y al amor por el arte del enseñar que conducen a nuestros logros y triunfos en los aprendizajes que son significativos y que sirven para la vida….c
Recibe cariñosos saludos.